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domingo, 18 de enero de 2009

Tema

EL HOMBRE Y EL ESPACIO EXTERIOR

Desde muy temprano, el hombre se preocupó del espacio exterior. La observación de la esfera celeste le llevó a la conclusión de que los astros se mueven con movimientos cíclicos que se repiten en el tiempo.

De estas observaciones obtuvo el primer resultado práctico: la elaboración de un calendario que le permitió organizar la agricultura.

Establecer las trayectorias de los astros llevó mucho más tiempo y trabajo. El problema se complicó porque la Tierra se consideraba como punto fijo y centro del Universo. Las órbitas de los planetas aparecían demasiado complicadas, ya que eran el resultado de dos movimientos, el propio del astro y los de la Tierra.

Galileo consideró que la Tierra se mueve y refirió las posiciones de los planetas a las llamadas estrellas fijas, que por ser muy lejanas tienen movimientos casi imperceptibles para nosotros.

Esto significó un progreso tal, que trajo como consecuencia el que se empezara a entender el comportamiento de la esfera celeste. Son cientos los hombres que figuran en la historia de la astronomía, ocupando lugar principal: Galileo, Newton y Laplace.

Galileo introdujo el uso del telescopio e hizo importantes hipótesis de trabajo.

Newton dio forma a la primera teoría que permite la descripción del sistema solar.

Laplace, emimente matemático, fue quien desarrolló las técnicas de cálculo astronómico y resolvió con exactitud los problemas que plantean las leyes de Newton.


Al hablar de ciencia del espacio exterior tal vez no esté claro aún que cosa sea.
El espacio exterior empieza a unos 9 kilómetros de la superficie de la Tierra. A partir de esta altura el hombre no puede sobrevivir sin equipos que le suministen el oxígeno indispensable. Un avión tendría posibilidades de mantenerse en vuelo hasta unos 50 kilómetros de altitud, pues a esa altura cesa totalmente la sustentación que le proporciona el aire.

Por su parte, la resistencia al avance de un cohete desaparece a unos 200 kilómetros.

Desde el punto de vista físico, se puede considerar que el espacio exterior empieza a unos 120 kilómetros, zona en la que la atmósfera está tan enrarecida que la luz prácticamente no se difunde en ella, ni tampoco se propaga el sonido por no constituir la atmósfera a esta altura un medio adecuado para su propagación.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Wuaauw me salvaron la vida en Naturales!! :D

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