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domingo, 1 de marzo de 2009

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EL HOMBRE PRIMITIVO EN EL PALEOLÍTICO

En el Paleolítico Superior, las técnicas de la piedra tallada alcanzan más alta perfección y especialización.

En el Auriñaciense encontraremos pequeñas hojas delgadas, raspadores y buriles que alcanzan asombrosa belleza en el Solutrense.

Finalmente, en el Maddaleniense, aunque sigue utilizándose la piedra, son muy abundantes los útiles de hueso: agujas, arpones...
Las condiciones de vida del hombre paleolítico debieron de ser realmente muy duras y llenas de dificultades. La acuciante necesidad de subsistir le llevó a buscar el alimento, primero en la recolección y, muy poco apoco, en la caza y la pesca.

Su economía destructiva le obligó a practicar el nomadismo en busca siempre de nuevas fuentes de alimentación, estableciendo a menudo sus campamentos en las orillas de los ríos.

El desemparo en que se sentía el individuo dio a su vez gran fuerza y cohesión interna a los grupos tribales, en los que no podía existir ni división de trabajo ni propiedad por falta de excedentes de producción.
En el Paleolítico Superior se experimenta un importante avance.
El hambre no era ya tan espantoso; se disponía de mayor cantidad de bienes y la importancia de la recolección iba cediendo ante la atención creciente dedicada a la caza y a la pesca, como testimonia la difusión de arcos, flechas y arpones que, además, aseguraban la defensa frente a un medio ambiente hostil.
A su vez empieza a controlar el fuego, conocido ya al parecer en Paleolítico Inferior, lo cual le permitió un dominio mayor de su espacio vital, proporcionándole luz, calor, defensa, y, gracias al conocimiento, mayor variedad de sustancias comestibles.
Con respecto a la vivienda, se advierte cierto semisedentarismo en las proximidades de los lugares en los que podía obtener al alimento; las migraciones estuvieron condicionadas muchas veces por los intensos fríos glaciares o por la mejora del clima en los períodos interglaciares.
Cuando el hombre primitivo empieza a refugiarse habitualmente en las cavernas, vive cerca de la entrada, como corroboran multitud de hallazgos y de restos materiales, algunos de los cuale parecen confirmar la utilización del vestido.
La creación de nuevos instrumentos y la apertura de nuevos horizontes ofrecieron la posibilidad de que poco a poco fueran apareciendo, aunque escasos, algunos excedentes, base del posterior desarrollo social y económico.
Las transformaciones facilitaron las manifestaciones artísticas, tanto rupestres como mobiliarias. Las primeras muestras de expresión artística parecen haber sido esculturas de arcilla, que no se conservaron, y posteriormente de materiales más duros y consistentes, como la piedra o el hueso. Al período Auriñaciense corresponden las llamadas Venus, figuras femeninas.
Las primeras manifestaciones pictóricas fueron siluetas de mano acompañadas a menudo de manchas y discos cuyo sentido y valor resulta difícil de explicar, si bien muchos prehistoriadores aluden al papel mágico de la mano como símbolo del poder del hombre sobre las cosas.
En las superficies de las cuevas nos encontramos con figuraciones de la fauna del momento: mamuts, bisontes, renos, caballos, ect., representados casi siempre endividualmente.
Bajo el punto de vista religioso, existía un culto a los muertos, que queda patente en los múltiples cuidados hacia éstos que se observa en algunos enterramientos y hay también quien piensa en la posible existencia de una especie de culto al cráneo.

2 comentarios:

clara dijo...

me pueden deciar ago sobre el paleoliticio?

Anónimo dijo...

yo quisiera saber lo mismo

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