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jueves, 12 de marzo de 2009

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LA INDEPENDENCIA IBEROAMERICANA

La independencia iberoamericana constituye uno de los más transcendentales capítulos de la Historia universal acaecidos a comienzos del siglo XIX.
En este gran proceso que lleva a buena parte de un Continente a la independencia, pueden establecerse una serie de características generales.
-Ante todo la inmensa amplitud geográfica del escenario en que se desarrolla: desde Texas hasta la Tierra de Fuego, comprendiendo todos los dominios continentales de la Monarquía hispánica.
-A pesar de ello, la emancipación americana tiene una profunda unidad de conjunto, que hace inseparables las diversas gestas de independencia.
-Ha de tenerse también en cuenta que la emancipación fue, en buena parte, una guerra civil, ya que entre los americanos había muchos partidarios de la Monarquía española que se mantuvieron leales a ella. No se explica de otro modo la lentitud de la independencia, comparada con los escasos ejércitos enviados desde la Península.

-También es preciso indicar que el movimiento liberal de la Península prestó a la insurrección americana un apoyo valioso. Los liberales, aunque no se atrevieran a ser abiertamente partidarios de la independencia, al menos se mantuvieron inhibidos del hecho americano, favoreciendo de hecho la emancipación.
-La guerrilla, empleada con tanto éxito en la Península para resistir a Napoleón, fue también aquí un arma decisiva en la operaciones militares de los insurrectos.
Iberoamérica no podía quedar al margen del proceso revolucionario iniciado con la Independencia de los Estados Unidos de América del Norte (1775-1783).
La revolución francesa, primero, y la guerra de Independencia española, después, terminaron de acelerar un proceso irreversible, en el que jugaron un papel decisivo los criollos, es decir, las gentes de estirpe española nacidas en América.
En un primer momento, las aspiraciones criollas estaban alimentadas por la lectura de los autores ilustrados (sobre todo Feijoo, aunque también se conocía a los enciclopedistas franceses), y se limitaban a deseos de reforma y autonomía.
Se criticaba el funcionamiento de la Administración española, la carga de impuestos que los americanos debían soportar y las limitaciones del comercio impuestas por el monopolio peninsular.

Pero, tras la Revolución francesa, llegaron a América las ideas revolucionarias, que prendieron definitivamente con el ejemplo que dieron los propios españoles, sublevándose contra la dominación francesa. Las exigencias de la guerra llevaron, además, a autorizar el comercio con las potencias neutrales (1797), con la consiguiente ventaja para los territorios americanos.

La independencia de la América española supone la culminación de un proceso iniciado en el siglo XVIII.
Se pueden señalar tres etapas en el proceso emancipador iberoamericano, coincidentes a grandes rasgos con la evolución política española:

-Época de los precursores, que se corresponde con el reinado de Carlos IV.
-Primera etapa emancipadora, reflejo de la guerra de Independencia española contra los franceses (1810-1816).
-La etapa decisiva, que culmina con la victoria independentista de Ayacucho (1824), transcurre paralela al conflicto peninsular entre absolutistas y liberales, en el reinado de Fernando VII.

La primera etapa es el momento de difusión de las ideas liberales e ilustradas, que crean un clima reformista propicio y hacen a los criollos ser conscientes de su papel dirigente.
La segunda, originada a raíz de la guerra de Independencia, se desarrolla, sobre todo, tras la invasión francesa de Andalucía y ante la aparente derrota de los patriotas españoles. El proceso revolucionario americano se despega del español y comienzan las guerras civiles que originarán la "balcanización" de los antiguos virreinatos en una serie de naciones independientes.
La reacción española, tras la guerra de Independencia, terminará con las denominadas "patrias viejas" -primeras proclamaciones de independencia-, salvo en el área del Río de la Plata: Argentina, Parguay y Uruguay.
Destacan ya en este momento los generales Bolívar y San Martín que se convierten en los caudillos de la insurrección americana.
La tercera etapa es la de las grandes campañas de estos generales. Tras de los reveses iniciales, las victorias se sucedieron unas tras otras, desde 1817.
El Ejército español que va a embarcarse para América, se subleva para apoyar la revolución liberal dentro de la Península (1820).
Al ser derrotados los liberales, Fernando VII intenta la ayuda francesa para recuperar el control de América, pero a ello se opone Inglaterra y, sobre todo, los Estados Unidos, quienes inician su desarrollo imperial vetando la intervención de los europeos en América ("América para los americanos").
En 1824 la derrota de Junín y sobre todo, la de Ayacucho, las dos en Perú, ponían punto final al dominio español en el continente americano.

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