miércoles, 7 de abril de 2010

LOS BORGIA: LA VIDA OSCURA DEL PAPA ALEJANDRO VI

Rodrigo de Borja nació en Xátiva, cerca de Valencia, el 1 de enero de 1431. Su tío materno (en ese momento era Obispo de Valencia y luego se convertiría en Calixto III) lo envió a estudiar a Bologna y en febrero de 1456, cuando tenia 24 años, fue nombrado diácono cardenal. Gracias a sus contactos con los monasterios y obispados, Rodrigo se convirtió en vice-cónsul de la Santa Sede en 1457, una sede que, manteniéndola bajo los cuatro papas siguientes, le permitió acumular una vasta fortuna de tal manera que fue reconocido como el segundo cardenal más rico.
Así, Rodrigo prosperó rápidamente en los tres años que su tío fue pontífice, además realizaba estudios legislativos en la Univesidad de Bologna. En este período, Calixto III, encomendó a su sobrino numerosas misiones, la más destacada fue el Oficio de Vicecansiller Vaticano, lo que le permitiría al futuro Alejandro VI ponerse en contacto con aquellas redes neurálgicas que estructuraban el complejo estado.

Cuando Calixto III falleció, en 1458, Rodrigo había tejido las alianzas necesarias para mantenerse en la “tupida telaraña del poder”. Pronto se estableció en Roma sin perder contacto con Valencia. Más allá de sus numerosas obligaciones, no descuidó sus relaciones privadas. Así, tuvo 10 hijos conocidos a lo largo de su vida, ya sea siendo Cardenal o Pontífice.
De sus hijos se destacaron César, Juan, Lucrecia y Jofre, frutos de su romance con Vanozza Catanei, su amante preferida. Sólo estos cuatro fueron reconocidos como los legítimos Borgia, los otros, representaron un papel más modesto, y fueron relegados al ostracismo en la mayor parte de los casos.

La venta de cargos era una práctica común en la Roma del renacimiento: se vendían indulgencias, se remataban capelos cardenalicios y hasta el puesto de sumo pontífice. Sin embargo, Rodrigo debió ofrecer una suma considerable, porque su contrincante, el Cardenal Della Royere era un candidato con un respaldo económico considerable.

El papado le costó a Rodrigo Borgia centenas de miles de ducados, además de favores y títulos.
Borgia consiguió su objetivo, fue elegido Papa por la cónclave de 1492, como bien se demuestra, esta elección atendió a cuestiones políticas mas que religiosas. Della Royere, consciente de la situación a la que se hallaba expuesto, huyó para salvar su vida y no regresó hasta diez años después, luego del fallecimiento del Papa Alejandro.
Se comenta que durante la ceremonia, Giovanni de Médici le susurró al cardenal Cibó:


Ahora ya estamos en las garras del que quizá sea el más sanguinario de los lobos, o huimos o, qué duda cabe, nos devorará a todos”.

Y realmente, Alejandro VI realizó un magistral “gerenciamiento” de su tiempo, ya que supo coordinar variadas actividades, una implacable persecución de sus enemigos (reales o imaginarios), conjuntamente con el manejo de la vida marital de su hija Lucrecia, para obtener más poder, sin dejar las múltiples correrías eróticas, que no pensaba abandonar por ocupar la silla de Pedro.

LA PARTE OSCURA

A lo largo de su vida Rodrigo matizaba su vocación y su carrera eclesiástica con su tendencia a los variados placeres eróticos. De esta forma, eran conocidos sus amoríos con una viuda y también con su hija, Vanozza Catanei, quien fue el amor de su vida (según sus biógrafos). Además, en su juventud protagonizó una orgía en Siena de la cual fueron excluídos maridos, novios, hermanos y deudos, con el objetivo de que no existieran incómodas trabas a la hora de expresar la lujuria. Asimismo, otra orgía organizada en unas termas (una suerte de “spa” erótico de avanzada) le valió en su momento las severas reprimendas del papa Pío II.

El hecho más significativo de la vida del Papa Alejandro VI fue el asesinato que cometió a la edad de 12 años. En su España natal, entre juego y juego, el jovenzuelo no vaciló en hundir repetidas veces su arma blanca (como veremos luego, afición que se repite en la familia) en el estómago de otro infortunado niño.
Como anteriormente se mencionó, Alejandro VI tuvo diez hijos ilegítimos conocidos. Cuatro de sus hijos los había concebido con Vanozza Catanei, su supuesto gran amor. Sin embargo, ese amor se fue extinguiendo. De esta forma, a la edad de 58 años tomó otra amante, Giulia Farnese, joven de sólo 15 años, recién desposada con Orsmo Orsini. El marido de Giulia, nunca demostró incomodidad ante el hecho de que su esposa fuera famosa en toda Italia con dos motes: uno muy literal: “la ramera del papa” y otro más agudo, del orden de la ironía: “la esposa de Cristo”.
Giulia, que era muy bella —Rodrigo Borgia siempre tuvo un gusto exquisito para elegir sus mujeres— no era tonta y, además, buena hermana ya que aprovechó su relación con el Papa para conseguir el capelo cardenalicio para su hermano, el futuro Pablo III.

Como se puede apreciar, los italianos eran afectos a los motes e hicieron también lo suyo con el hermano de Giulia: sabiendo que el título de cardenal de su hermano era fruto de sus manejos, no tardaron en nombrarlo como “el cardenal enaguas”.
Con Gíulia, el papa tuvo una hija, Laura. En vano fueron los intentos por hacerla pasar por una Orsini (y asi salvarla de su condición de hija ilegitima) ya que Laura era el vivo retrato de su padre.
Alejandro VI tuvo dos hijos más con Giulia, Juan y Rodrigo.

Sin embargo, el respeto por la vida familiar no era una costumbre del pontífice, paralelamente seguía manteniendo orgías sexuales. En relación con ellas, Alejandro VI disfrutaba tanto de ser un participante activo como de ser un simple voyeur que se complacía con sólo mirar. No obstante, otro rumor que causaba un gran escándalo eran las supuestas relaciones incestuosas entre Alejandro VI y su hija Lucrecia.

SU MUERTE
Alejandro, padeció sífilis, sin embargo no fue esa enfermedad la que causó su muerte.
Sucedió durante unas de las tantísimas noches de placer a las que el papa era tan afecto. Se cuenta que su muerte fue presagiada por un extraño suceso: en plena luz del día, un búho entró volando por la ventana y expiró a los pies del pontífice. Cuando el sol cayó, comenzó el habitual jolgorio donde no faltaban mujeres y vino a granel. Pero, parte del vino estaba envenenado.

La versión más verosímil afirma que el mismo César había vertido veneno en la bebida (que debía ser ingerida por unos ricos cardenales a los que era preciso eliminar) y que, por equivocación, el brebaje envenenado fue a dar a la boca del papa y hasta del mismo César.
El veneno que causó la muerte del pontífice era cantarella, poderoso veneno inventado por el mismo hijo del prelado, que combinaba una dosis letal de arsénico, con vino y menudos de pollo. Sin embargo César, debido a su juventud y fortaleza, pudo recuperarse. Su padre no contó con la misma suerte, las sales arsenicales minaron su estómago y, durante horas, agonizó en su lecho con la cara amarilla, los ojos inyectados en sangre y sin poder deglutir. Luego, su rostro se tomó morado, sus labios se hincharon monstruosamente y su piel comenzó a descortezarse.
Cuando el cadáver fue colocado entre dos cirios encendidos, se había tomado de un profundo color negro y de su boca manaba abundante espuma. A esa altura, el cuerpo había perdido toda forma humana y era tan alto como ancho. Y por más que su previsor hijo César había ordenado sellar la habitación para que los codiciosos cardenales no pudieran saquearla, éstos fueron más fuertes que la orden y se abalanzaron sobre el horrendo cadáver para hacerse de las joyas que hubieran ido a dar (de manera infructuosa) a una tumba. Luego de que los presentes saquearon el cuerpo, fue todo un trabajo ponerlo en el ataúd pero, a fuerza de presión y de golpes, lograron introducirlo en el féretro. Lo que no resultó posible fue colocar la tapa y el heredero de Pedro debió contentarse con ser tapado con un tapiz.
Luego se procedió a trasladar el cadáver. En un principio, los sacerdotes no autorizaron su entrada para ser enterrado en la basílica. Finalmente accedieron y se depositó el féretro, por un breve lapso, en la cripta de San Pedro.


En 1610, los despojos fueron expulsados de la basílica y, en la actualidad, reposan en la iglesia de Monserrat en Roma.

Alejandro VI fue precoz asesino, hábil político, instigador, asistente a orgías y supuesto padre incestuoso. Más allá de estas macabras características, fue un sincero devoto de la Virgen María e impulsó la costumbre de tocar el Angelus tres veces al día.

Fuente: Wikipedia y La Vida de los Papas S. Fontana- Traidores de Cristo René Chandelle


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1 comentario:

BORJA dijo...

Para saber más

Una historia de la familia Borja - Borgia de tres siglos en forma de diario con ilustraciones, genealogía y textos.
DIARIO DE LOS BORJA (BORGIA)
http://sites.google.com/site/diarioborjaborgia/Home

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