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martes, 25 de mayo de 2010

Tema

ARTE ASIRIO

En la arquitectura asiria, el edificio característico es el palacio real, colocado en general sobre un alto terraplén, y rodeado de murallas que encierran diversos patíos y dependencias, entre ellas uno o varios templos. De las techumbres apenas queda resto alguno, pero por planos encontrados en tablillas de barro cocido y por las descripciones de los historiadores griegos, se deduce que los grandes salones estaban cubiertos por cúpulas y a veces por vigas de cedro, importadas con grandes dificultades. Las habitaciones secundarias eran sumamente estrechas, a causa de la pobreza de la madera con que se cubrían. Las portadas solían constar de un gran arco de medio punto (semicircular), que daba paso a una bóveda y estaba flanqueado por torres.


Del palacio de Kalah, construido por Asur-Nasir-Pal, en el siglo IX a. de C., quedan gran cantidad de relieves en piedra, hoy en el Museo Británico, que nos cuentan las hazañas guerreras del rey y sus crueles castigos a los vencidos. También se repite el tema del rey como sacerdote, llevando ofrendas a los templos. En ellos aparece Asur-Nasir-Pal con unas alas postizas, que sin duda tienen carácter litúrgico. Sin embargo, estos temas religiosos tienen un carácter estrictamente subordinado a la verdadera finalidad del conjunto, que es la glorificacion del rey, presentado como guerrero triunfante.

Las guerras se presentan en escenas sucesivas, desde la preparación hasta las expediciones, el camino cruzando tierras o aguas, y siempre con la guía del rey, a veces asesorado por guerreros alados; las batallas y asalto a fortificaciones (presentadas muchas veces en forma de plano), las torturas inflingidas a los vencidos, la celebración de la victoria, con presentación de ofrendas al rey. Es característica la solemnidad cortesana de estos relieves, en los que ni el pintoresquismo ni el humor rompen la rigidez destinada esencialmente a inspirar miedo. Las figuras aparecen de perfil, con los hombros exageradamente anchos y musculados, las barbas y cabellos tratados en forma convencional y minuciosa. Como será habitual en el relieve asirio, los músculos, huesos y tendones están cuidadosamente estudiados, y acusan observación de la anatomía y dinámica del cuerpo humano, a pesar del hieratismo de las posturas. Alguna mayor libertad de movimientos se observa en las escenas de caza que en las de guerra.

En Kalah han aparecido también algunas esculturas exentas —entre ellas la del rey— y los toros alados que guardan la puerta, y de cuyas características hablaremos al tratar de los hallados en Korsabad, semejantes a ellos y conservados en gran número. Este palacio de Korsabad, construido por Sargón de Asiria, es el mejor conservado y que más se ha prestado al estudio. Está colocado sobre una enorme plataforma y rodeado por una muralla. Tiene en sus fachadas entrantes y salientes rectangulares. A ambos lados del arco de entrada se encuentran los grandes toros alados antropocéfalos (de cabeza humana), con el héroe Gilgamés entre ellos. Este tipo de esculturas se repite a lo largo de todo el arte asirio, y es adoptado por el persa con algunas variantes. Su técnica participa de la escultura exenta —cabeza y lomos— y del relieve —vientre y patas—, que quedan englobados en el bloque pétreo. Para que puedan verse las cuatro patas desde cualquier punto de vista se les labran en realidad seis u ocho, según que estén adosados al muro o queden separados de él.

En Korsabad se han encontrado más de veinticinco parejas de estas enormes esculturas, que debían formar un friso en torno a parte de las fachadas. Las cabezas están cubiertas por altas tiaras adornadas con dos o tres pares de cuernos. En el recinto del palacio había varios templos, y entre ellos al menos un zigurat o torre escalonada. Es importante, por sus repercusiones en el futuro, el pequeño templete sobre columnas llamado hilan, que obedece a una estética muy diferente y tal vez sea el antecedente remoto del arte jónico griego.

En Nínive, la gran capital del Imperio asirio, han aparecido diversas ruinas de palacios. Fue, sin duda, muy importante el de Asur-Bani-Pal, de cuya arquitectura apenas puede deducirse nada; pero basta la extraordinaria calidad de sus relieves, hoy en el Museo Británico, para atestiguar su interés artístico. La tradición de escenas bélicas y de torturas se encuentra en ellos ampliamente reflejada; pero lo más importante son las escenas de cacería, ya que en ellas aparecen los magníficos estudios de animales.Todos los relieves asirios son notables por la minuciosa perfección con que representan la anatomía y dinámica del cuerpo humano. Pero en los animales de Nínive, el artista, libre de los convencionalismos a que le obliga la representación del rey y de su corte, puede dejarse llevar por su inspiración en los movimientos y actitudes, en el dramatismo, creando obras maestras como la leona y el león heridos, los caballos corriendo, etc., que no han sido superadas por la escultura animalística de ninguna época. Característica de estas obras es la impresión de que los animales están despellejados para mostrar más claramente la inserción y tensión de músculos, tendones y huesos, e incluso la red de las venas. También es notable la expresividad dramática, en contraste con el hieratismo de las actitudes humanas.

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