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lunes, 4 de abril de 2011

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MESOPOTAMIA: EL ARTE MESOPOTÁMICO


A primera vista, las bases geográficas y económicas de la civilización mesopotámica acusan gran semejanza con las egipcias: ambas están situadas a lo largo de ríos importantes, que fecundan fajas de terreno rodeadas de grandes desiertos. En Egipto el Nilo y en Mesopotamia el Eufrates y el Tigris hacen fértiles las tierras que inundan sus crecidas. Esta semejanza no tiene todo el alcance que parece; las crecidas del Nilo son más regulares, y los desiertos que rodean Egipto, más inhabitables. El aprovechamiento de las aguas del Eufrates y Tigris exigió trabajos de irrigación mucho más complicados que los realizados en Egipto.

Pero tal diferencia material fue pronto subsanada en parte, pues los sumerios, pueblos situados al Sur entre los dos ríos, realizaron ya a finales del cuarto milenio antes de Cristo trabajos admirables de drenaje y canalización.

Sin embargo, la historia de Mesopotamia, contemporánea en líneas generales de la egipcia, contrasta fuertemente con ésta en muchos aspectos esenciales.

Las ciudades sumerias no se unificaron nunca bajo un mismo poder político, sinoque combatieron constantemente unas con otras. Las invasiones no encontraban resistencia y se sucedieron sobre el mismo territorio, constantemente sometido a guerras y depredaciones.

Las religiones mesopotámicas no son, como la egipcia, un fundamento de serenidad y de estabilidad. No existe la esperanza en un más allá amable como premio a una vida meritoria. Los dioses aquí son crueles y arbitrarios y las alusiones a la vida de ultratumba, muy escasas si comparamos con Egipto, tienen carácter tétrico.
Las aspiraciones humanas se limitan a una vida larga y a la acumulación de poderes y riquezas. Aunque en un primer momento parece haber existido en las ciudades sumerias una organización teocrática en torno al templo, a lo largo de la historia mesopotámica y sobre todo a partir de las invasiones asirias, el poder del rey se basa fundamentalmente en el terror.

En la literatura asiria abundan las descripciones complacidas de espantosos tormentos infligidos por los reyes a sus enemigos vencidos. Y estas mismas escenas se repiten una y otra vez en los relieves asirios; decapitaciones, empalamientos, mutilaciones, despellejamientos. Más que establecer su dominio sobre un territorio determinado, los reyes asirios parecen haber adoptado el sistema de imponer tributos y de realizar expediciones en busca de botín. Precedidos por su aterradora fama, estos ataques encontraban escasa resistencia en sus víctimas.

En la época sumeria y acadia se encuentran algunos monumentos funerarios y grandes templos; a partir de la invasión asiria el monumento tipo del arte mesopotámico es el palacio real, del cual el templo se convierte en una dependencia, y el monumento funerario pierde importancia. (Ver: La religión de los acadios y sumerios)

La carencia de grandes bosques y canteras próximos obligó a utilizar como material básico el adobe o ladrillo, cocido o sin cocer, a veces mezclado con paja para darle mayor trabazón.

Este es el motivo de que no hayan llegado hasta nosotros monumentos arquitectónicos comparables a los egipcios: las grandes edificaciones mesopotámicas se han encontrado reducidas en gran parte a montículos terrosos llamados tells, y las defectuosas excavaciones llevadas a cabo a mediados del siglo XIX por el arqueólogo inglés Layard han sido causa de que algunos de los más importantes sufrieran daños irreparables, si bien tuvo el mérito de ser uno de los primeros estudiosos de las civilizaciones mesopotámicas. Layard se preocupó más de encontrar restos transportables a su país que de respetar los cimientos e indicios de la estructura arquitectónica. Más tarde, cuidadosas excavaciones han permitido la reconstrucción aproximada de lo que fueron. A ello ha contribuido la abundancia de documentación escrita, un número inagotable de tabletas de cerámica con escritura cuneiforme, así como con planos y proyectos de edificios.

La ausencia de materiales capaces de proporcionar sólidos dinteles obligó a los constructores mesopotámicos a utilizar el segundo de los grandes tipos de arquitectura: la de arco y bóveda, que permite cubrir espacios amplios con piezas de tamaño pequeño.

Para unir dos soportes por medio de un arco se empieza por construir una armazón de madera de la forma adecuada, y sobre ella se van colocando las piezas en forma de cuña despuntada. Como la parte superior de cada pieza es más ancha que la inferior, cuando se coloca la última, la central, todas quedan encajadas y retenidas unas por las otras. Cada una de estas piezas recibe el nombre de dovela. Las dovelas colocadas directamente sobre los soportes se llaman salmeres, y la central que cierra el arco se llama clave (llave).

Una bóveda está formada teóricamente por un conjunto de arcos. Si estos arcos se suceden uno a otro paralelamente, la bóveda es de medio cañón. Si se irradian a partir de un centro, la bóveda formada resultará una semiesfera, y se llama de media naranja. En la práctica, por supuesto, los arcos no se construyen sucesivamerfte, sino que, sobre una previa armazón, van ensamblándose las dovelas en la forma más conveniente, pero siempre terminando con las claves, que en la boveda de cañón son muchas, formando toda una línea, y en la bóveda de media naranja es una sola.

Aun dejando aparte la fragilidad del adobe y el ladrillo comparados con la piedra, la arquitectura abovedada es por sí misma menos estable que la adintelada. En esta última, como ya hemos dicho, el peso de la cubierta se ejerce en forma vertical, mientras que en la bóveda el peso de cada dovela se descompone en dos fuerzas: la vertical y la lateral sobre la dovela contigua, con lo cual la resultante es una presión oblicua, tendiendo a separar los muros o soportes hacia el exterior. De aquí se deduce que la técnica sea más complicada que en la arquitectura adintelada, y también que ofrezca mayores posibilidades de evolución.

El soporte más frecuente en la arquitectura mesopotámica es el mismo muro. La columna, tan importante en Egipto, aquí desaparece casi totalmente como soporte, y sólo tiene escasa aplicación decorativa. Para proteger el paramento (superficie) exterior de los muros contra la humedad y el viento se los revestía de vidriados, es decir, cerámica recubierta de una capa más dura, formada por elementos minerales que se funden a altas temperaturas. Solo una cara de cada ladrillo (en general, una de las caras menores) llevaba el revestimiento, que se colocaba hacia el exterior. Estos paramentos llegan a alcanzar una gran importancia artística, formando relieves policromados muy bellos.

También se recubren a veces los muros, sobre todo en las épocas asirias, con placas de piedra tallada. El bajo relieve no desdice del egipcio en calidad técnica, pero difiere de él totalmente en cuanto a la temática. En la representación de cuerpos humanos lo que destaca es la preocupación por manifestar la fuerza. Los torsos son anchos y el estudio anatómico es muy cuidado, con el fin de mostrar el desarrollo y el juego de los músculos. Los cabellos, con sus complicados peinados y las barbas semíticas largas y rizadas, están tratados frecuentemente con un minucioso convencionalismo. En un principio, la figura humana está representada en estos relieves con la misma torsión que en los egipcios. Más tarde aparecen las figuras plenamente de perfil.

La estatuaria, en bloques de diorita (piedra dura) se encuentra sobre todo en la civilización sumerio-arcadia, y es menos importante en la asiria.

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