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martes, 7 de junio de 2011

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EL HOMBRE; UN ANIMAL POLÍTICO

El hombre es, como rezaba la célebre expresión de Aristóteles, un "zoon politikon", un animal político.

Una de las características específicas de la condición humana radica en que el hombre no puede concebirse aislado, sino insertado en un organismo socíal bien definido que se constituye como una totalidad.

A este respecto puede afirmarse, parafraseando a L. W. Lapierre, que el hombre es un animal social y sociable, pues vive siempre en grupos organizados y regulados; es, además, un animal naturalmente político porque su existencia se desarrolla en sociedades compuestas de una multitud de grupos menores articulados y regulados (de parentesco, locales, profesiones, etc.) que integran cuerpos políticos. El poder político, como tal, es entonces una exigencia ineludible, nacida de las necesidades deorganización y regulación de la sociedad civil.

La idea del hombre aislado, alejado de toda relación social con sus semejantes es impensable, a menos que acudamos al expediente del naufragio robinsoniano. Sin embargo, esta idea jugó tradicionalmente un papel referencial en el desarrollo de las ideas políticas. La hipótesis de un estado de naturaleza inicial, previo a la formación de cuerpos sociales y políticos, se utilizó con frecuencia en el pasado como punto de partida para explicar la emergencia del universo socio-político.

Hugo Grocio
-Hugo Grocio describió por primera vez el estado de naturaleza como situación carente de organización social y política en la que habrían vivido los hombres antes del nacimiento de la ciudad y el Estado. Y, como tal idea, la concepción del estado de naturaleza se encuentra simultáneamente en los orígenes de las doctrinas justificadoras del despotismo (Hobbes) y en los: de las teorías que fundamentaron la democracia (Rousseau).

Hobbes, en su Leviathan parte del presupuesto, de que el hombre es, por naturaleza, violento, codicioso y malvado; así pues, el estado de naturaleza sería una situación de absoluta y opresiva barbarie: un estado de anarquía total en el que la ausencia de toda autoridad crearía una situación de inseguridad e incertidumbre en la que no sería posible la tranquilidad ni la posesión duradera de los bienes. La guerra de todos contra todos sólo podría ser superada por medio de la creación del estado político, lo que implicaba, necesariamente, la pérdida de la libertad en bien de la seguriaad y de la paz. Así pues, el gran "Leviathan", el Estado, exige de sus súbditos una abdicación total, a cambio de la protección y la paz entre los hombres. Para Hobbes, el despotismo era, por tanto, la única alternativa a la guerra universal.

Juan Jacobo Rousseau
-Juan Jacobo Rousseau, por su parte, planteó el problema de manera rigurosamente inversa: el hombre es, en su opinión, naturalmente bueno y compasivo, por lo que el estado de naturaleza debió ser una situación completamente idílica; en él, el hombre campaba por sus respetos, completamente libre y solitario, sin tener necesidad alguna de recurrir al apoyo de otros; sería magnánimo por naturaleza, pues la crueldad le resultaría de todo punto inútil.

Ahora bien, si el hombre natural era libre, y feliz, ¿por qué renunció a este género de vida para someterse a los dictados del Estado? Rousseau ofrece, a este respecto, una doble explicación: por un lado, la aparición de la propiedad y, por otro, la aparición de la división del trabajo, , cuando la metalurgia y la agricultura exigieron la coordinación de los esfuerzos humanos. De esta forma surgen reglas y normas de conducta que van a consagrar la nueva situación creada; las leyes sancionan una desigualdad creciente y las tensiones sociales exigirán la creación de Tribunales y de aparatos policíacos para velar por el cumplimiento de las convenciones. La autoridad, inexistente en el estado de naturaleza, se expresa ahora bajo la forma de un acuerdo de voluntades: el contacto social suplanta a la naturaleza en las relaciones humanas.

Al realizar esta descripción, J. J. Rousseau no pretendía dar la explicación histórica del surgimiento del Estado: era plenamente consciente de que probablemente, las cosas no habían sucedido como él las describía. Su verdadera intención era proporcionar una explicación arquetípica de las condiciones que generaban una autoridad legítima, basada en el contacto social, única forma de expresión de la voluntad general.

La doctrina política moderna ha abandonado, como es lógico, la hipótesis del estado de naturaleza. Tal estado no responde a ninguna realidad histórica ni sociológica comprobada: el hombre vivió siempre en grupos organizados y nunca aislado en un estado idílico o belicoso. La sociedad y la autoridad política, bajo diversas fórmulas, han existido siempre. Por otro lado, la hipótesis del estado de naturaleza no sirve para fundamentar ninguna exposición coherente del fenómeno socio-político: se trata, pues, de una proposición superflua.

 joseph vialatoux
En este terreno, cualesquiera que sean sus semejanzas con los demás animales, el hombre constituye un fenómeno cualitativamente nuevo y extraño dentro del ámbito natural. Como afirma J. Vialatoux, "es el único animal que procede y contribuye personalmente a la organización de sus propios grupos, a instituir y a institucionalizar sus sociedades, a proyectarlas y a desearlas para conducirlas con conocimiento de causa; es el único animal que vive en ciudades, actuando como ciudadano; el único que tiene Estados y que participa (aunque no sea más que por un consentimiento tácito continuado) en la actividad de Estado, ejercida por los detentadores de un poder político ordenado a este fin".
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